La corrida de Alcurrucén dejó una sensación extraña: había toreros capaces, toros con más posibilidades de las que parecían y momentos de emoción verdadera. Pero nadie supo medir el tiempo. Faenas larguísimas, exceso de metraje y la impresión constante de ocasión perdida.
Antonio J. Pradel··5 min read
David de Miranda remata uno de sus quites al segundo toro de la tarde