Hay libros que no vienen a explicar nada, sino a restituir una dificultad. El de Alfonso Verdoy Blanco pertenece a esa especie rara: no pretende zanjar el problema del toreo, sino devolverlo a su lugar natural, que es el conflicto. En un tiempo que exige respuestas inmediatas, Verdoy introduce una demora. Y en esa demora empieza a ocurrir algo.
Porque el toreo —esto el libro lo sabe y lo explica— no es un objeto que pueda resolverse mediante argumentos, sino una forma que resiste ser traducida. De ahí su insistencia en pensarlo simultáneamente como arte y como mito: dos palabras que hoy suenan desgastadas, pero que en este contexto recuperan una extraña precisión. El arte como aquello que da forma a una experiencia límite; el mito como aquello que la hace legible sin agotarla.
Lo decisivo, sin embargo, no está en la tesis, sino en el desplazamiento. Verdoy no se detiene en la corrida como hecho, sino en la lidia como estructura: un espacio donde el gesto humano se mide con una fuerza que no le pertenece. No hay aquí celebración ni condena, sino una tentativa de comprensión que exige algo cada vez más infrecuente: mirar sin prisa.
El problema es que mirar el toreo —mirarlo de verdad— obliga a aceptar una incomodidad que el discurso contemporáneo tiende a evitar. El toro no es un símbolo disponible. No es una metáfora que podamos domesticar a voluntad. Es, más bien, lo que desbarata cualquier intento de lectura tranquila: una presencia que introduce en el espacio del arte algo que el arte, en principio, no debería poder contener.
Y, sin embargo, el toreo existe.
Ahí se produce el primer cortocircuito. Si la modernidad ha tendido a separar radicalmente la estética de la violencia, la tauromaquia insiste en su imposible conjunción. No como provocación, sino como resto. Como supervivencia de una forma antigua de relación con el mundo en la que la belleza no estaba exenta de peligro ni el rito de sangre.
Verdoy lo formula con prudencia, quizá incluso con exceso de prudencia. Habla de símbolo, de tradición, de herencia cultural. Pero bajo ese lenguaje más o menos conciliador late una intuición más incómoda: que el toreo no es sólo un fenómeno cultural, sino una anomalía. Algo que no termina de encajar en las categorías con las que hoy organizamos la experiencia.
Por eso el libro es más interesante cuando se acerca, aunque sea de manera lateral, a lo que podríamos llamar el núcleo irreductible de la lidia: ese instante en que el gesto ya no puede explicarse por la técnica ni por la intención. El momento en que todo se juega sin garantías.
El emboque.
No como término técnico, sino como figura del tiempo. Un tiempo que no avanza ni se acumula, sino que se contrae. Un presente absoluto en el que la forma aparece o fracasa sin mediaciones. En ese punto, el toreo deja de ser discurso y se convierte en acontecimiento. Y es ahí donde cualquier intento de interpretación se vuelve necesariamente insuficiente.
El mérito de Verdoy consiste en no cerrar esa insuficiencia. En mantener abierta la pregunta. Frente a la tentación contemporánea de reducir el toreo a un problema moral —legítimo, sin duda, pero no exclusivo—, el libro insiste en que hay algo más en juego. Algo que tiene que ver con la manera en que una cultura se piensa a sí misma a través de sus formas más extremas.
Porque el toreo, visto así, no es sólo una práctica discutible, sino un espejo incómodo. En él se reflejan no sólo el valor o la violencia, sino también una cierta idea de la forma: la posibilidad de que el hombre dé forma, figura y perfil, aunque sea por un instante, a aquello que lo desborda.
No se trata de justificar nada. Tampoco de salvar nada. Quizá ni siquiera de comprender del todo.
Se trata, más bien,
de sostener la mirada.
Y aceptar que hay formas —como el toreo— que no se dejan integrar sin pérdida en el mundo que hemos construido. Formas que, precisamente por eso, siguen diciendo algo. No porque tengan razón, sino porque no terminan de desaparecer.
En ese sentido, el libro de Verdoy no ofrece respuestas. Ofrece resistencia. Y eso, hoy, es mucho menos frecuente y mucho más necesario.
Alfonso Verdoy Blanco, El toreo. Arte y mito. Editorial Renacimiento, Sevilla, 2023.